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¿Por qué quiropráctica?

Cuando el cerebro y el cuerpo se comunican perfectamente, la salud y el funcionamiento son la consecuencia. Nuestros cuerpos tienen un diseño tan increíble que podemos producir todo lo necesario para crecer, sanar y adaptarnos a cualquier entorno si contamos con los componentes nutricionales básicos, una mente sana y un sistema nervioso despejado y en pleno funcionamiento para transmitir información hacia y desde el cerebro.

 

Toda célula, tejido y órgano vivo depende de las instrucciones del cerebro para su funcionamiento diario. Sin una información fiable del cerebro, las células funcionan de forma errónea y mueren, lo que puede provocar disfunción y muerte de tejidos, órganos y organismos.

 

Por ejemplo, el intestino grueso depende de los impulsos nerviosos, o potenciales de acción, del cerebro para estimular la neurología intestinal y lograr una digestión adecuada. Los nervios que irrigan el intestino descienden por la médula espinal y salen de la columna vertebral por la zona lumbar. Si la zona lumbar tiene una vértebra desalineada, es posible que los mensajes no lleguen debido a una subluxación o interferencia nerviosa, y las células podrían no reabsorber adecuadamente el agua y los nutrientes. Con el tiempo, pueden aparecer síntomas como diarrea o estreñimiento que, si no se tratan, pueden derivar en enfermedades crónicas más graves.

 

La quiropráctica es la ciencia de analizar la salud y el funcionamiento de su sistema musculoesquelético y nervioso, identificar áreas problemáticas de subluxación y reducir y eliminar cualquier interferencia nerviosa para permitir que su cuerpo se cure, crezca y se adapte naturalmente como fue diseñado para hacerlo.

 

La quiropráctica nunca utiliza medicamentos ni cirugía, sino solo métodos para corregir la alineación de la columna y las extremidades con una fuerza física segura y específica para reemplazar los huesos en su posición adecuada y permitir que los nervios sigan su curso natural a través de la columna y los tejidos desde y hacia el cerebro.

 

Si nunca te has sometido a una revisión quiropráctica, ¡no hay mejor momento que ahora!

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